castellano


Gaietà Ripoll




Certificat Apostasia




apostasia Arxiu Ateus carta concordato Debats dios estado laico falso iglesia laica laicidad laicitat lliga mort Novedades tertulia Tertúlies trobades trobades apostasia






Codi etic






Ateus de Catalunya és soci fundador de la AILP


De concordatos va la cosa.

Un concordato “es un tratado o convenio sobre asuntos eclesiásticos que un Estado hace con la Santa Sede”. Los tratados, convenios o acuerdos normales se basan en derechos, con sus obligaciones correlativas. En el caso de España, no.

 

Los derechos del Concordato

 

En el Concordato vigente durante el franquismo la única obligación que tenía la Iglesia católica era la de rezar por el caudillo de España. Y sí, lo hicieron muy bien, todo hay que decirlo. Cuarenta años les duró. Desde que murió ya no tienen obligaciones.

Ahora que sabemos que la Iglesia católica carece de obligaciones en ese concordato sorprende ver la cantidad de derechos que ahí constan. Son muchos. Y estos derechos, base de sus “asuntos eclesiásticos”, no son, digamos, muy constitucionales. Van desde el derecho a impartir, en los centros de enseñanza pública, clases de “Verdad Única” a niños hasta el derecho a no pagar impuestos por sus actividades, sean cuales sean, pasando por el derecho a la financiación de todos sus sueldos y gastos así como los costes de mantenimiento de sus edificios, inversiones, mansiones y monumentos históricos (aunque luego tengamos que pagar de nuevo para verlos, en el mejor de los casos). Todo pagado, como siempre, por los ciudadanos. Todos pagan a la Iglesia, sin importar que no profesen su religión. O que no profesen ninguna. Tanto da.

Todos tenemos que colaborar con la Iglesia católica, la empresa líder autorizada para evangelizar y manipular a nivel estatal y con más de quince siglos de experiencia. Sólo ella es propietaria de la palabra “Concordato” así como de su significado o interpretación. Y no importa que en la Constitución se declare España abierta e hipócritamente aconfesional, el Concordato “viene de más arriba”. Algo divino, vaya. Y si algo no quedara recogido o mencionado en esa lista de derechos siempre queda el Código de Derecho Canónico que sirve justo para legitimar lo ilegitimable.

 

¿De dónde viene el Concordato?.

 

El tercer y último Concordato fue gestado en 1953, durante la dictadura de Franco.

Ese Concordato, vigente todavía, es tremendo. Viola la Declaración Universal de Derechos Humanos en los artículos 2, 18, 19, 20, 25 y 26. Vale la pena leerlo. Es hasta gracioso y todo, según se mire.

A modo de ejemplo, su primer artículo era “La Religión Católica, Apostólica Romana, sigue siendo la única de la Nación española y gozará de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico” y el segundo empieza con “El Estado español reconoce a la Iglesia Católica el carácter de sociedad perfecta”.

En 3 de enero de 1979 se modificó el Concordato de 1953, para que pareciera que encajaba en una España recién democrática. Toca asuntos jurídicos, económicos, educativos y culturales. Los educativos, obviamente, son los asuntos que más daño han hecho y siguen haciendo a la sociedad española. Todavía se imparte catecismo en las escuelas públicas; la Iglesia sabe lo importante y efectiva que es la manipulación a esas edades.

Dicha reforma se tuvo que hacer rápido, en cuatro o cinco días. Días, dicen, llenos de presiones y chantajes. Justito acababa de nacer la Constitución, el 27 de diciembre de 1978, y no estaba el horno para bollos. Y supongo que para meter este gol, para colar este “maquillaje” lo antes posible, fue todo gestionado como una reforma del Concordato vigente, no como un nuevo concordato. Evidentemente es y sigue siendo tan inconstitucional como el original.

Todos sus artículos fueron cambiados aunque no en su naturaleza, sólo en su forma. Hoy la Iglesia católica habla del Concordato de 1979 para que la cosa no parezca tan jurásica; abiertamente se ve que el texto hace continuas referencias al “Concordato vigente de 1953”. No hay dudas jurídicas pero 1979 suena como más nuevo, ¿verdad? suena más democrático que 1953.

En Francia, país laico por excelencia, está todavía en vigor todo o parte del Concordato que había durante la ocupación Nazi y en partes de Alemania siguen vigentes el que pactaron Hitler y Pio XII. Otro Papa “infalible”. Tan “infalible” como el actual, que sigue condenando los condones aunque sirvan para evitar muertes. Sin embargo, tanto en Alemania como en Francia, la Iglesia se financia a través de sus fieles, sólo de sus fieles.

 

Concordato obligado para todos.

 

Durante la época del franquismo, apostatar – salir formalmente de la Iglesia católica – parece ser que era cosa de locos ya que te convertías, de repente, en un tipo subversivo, un rojo a perseguir o a controlar.

Las parroquias no tenían inconveniente en anotar en tu acta bautismal tu condición de apóstata. Allá tú, pensarían. Cuando la dictadura acabó, en muchos sitios se dejó esta práctica, ya no tenía sentido. Quizá de ahí provenga la actual “anarquía eclesíastica” en torno al tema de la apostasía.

La Iglesia católica se ampara, como siempre, en el maldito Concordato para pasar olímpicamente de la aplicación de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal y negarse a eliminar nuestros datos de sus archivos. En ocasiones, ni siquiera nos quieren considerar apóstatas. Uno de los grandes secretos de la Iglesia católica es el número de apóstatas. Tarde o temprano lo tendrán que hacer público, se tendrá que regular y el Concordato deberá ser reformado profundamente. Los dirigentes de esta milenaria institución tendrán que asumir que cada vez se bautizan o inscriben a menos bebés. La realidad que no quiere afrontar la Iglesia católica es que cuando tenga que mantenerse sólo con los ingresos de sus fieles más comprometidos… tendrá que renovarse.

 

 

En el artículo 16.3 de la Constitución se lee

“Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Gracias al Concordato ni los poderes públicos tienen en cuenta las creencias de la sociedad española actual ni, por ello, pueden mantener unas correctas “consiguientes relaciones”, ni con la Iglesia católica ni con las demás confesiones.

 

Concordato y financiación de la Iglesia católica

No le basta a la Iglesia con controlar varios medios de comunicación y prensa, las más prestigiosas universidades y colegios privados. Ni le basta la posesión (y su asociada rentabilidad) de magníficas y numerosas obras de arte, patrimonio universal. No le resulta suficiente contar con el apoyo político, de derechas pero también de izquierdas, y de organizaciones tan poderosas como el Opus Dei o la Compañía de Jesús que han servido a la burguesía de trampolín al poder y de medio de control doctrinal de la clase dirigente. No, no. La Iglesia católica lo quiere todo, que propagarse en una sociedad con formación y libertad de expresión es, lo saben de sobras, muy difícil. Y muy caro. Gracias al Concordato el problema del dinero lo tienen solucionado (otra cosa es que luego internamente tengan follones y ese dinero no llegue íntegro a las parroquias).

 

Las famosas casillas de la Declaración de la Renta (IRPF) en España son, en mi opinión, una tontería. Ciertamente esos ingresos representan una pequeñísima parte de lo que, anualmente, percibe la Iglesia católica en nuestro país. Es más un tema de imagen. El resto de lo que la Iglesia pide, el mogollón, el gobierno se lo da directa o indirectamente, “vía Concordato” y a través de los Presupuestos Generales del Estado.

Si no he entendido mal, la cosa es que si marcas la casilla “Iglesia católica”, ahora el 0,7% de esos impuestos se lo lleva directamente esa sagrada institución, un extra por su “buen” comportamiento, lógico. Si sólo marcas “ONG” se lo llevan las ONGs pero no se ha de olvidar que muchas, muchas de esas ONGs pertenecen a la misma Iglesia católica (como Cáritas, que es la segunda más beneficiada de todas). Si marcas las dos casillas la Iglesia recibe directamente y también a través de sus ONGs. Y si no marcas ninguna casilla se lo lleva todo el Estado. Luego, como siempre, el Estado regala a la Iglesia católica “lo que le falte” a través de otros sistemas…

…otros sistemas que representan el 90% de todo. El IRPF es la puntita del iceberg. Ni Iglesia ni Estado hablan de ese 90%, no quieren lios, los actuales gobernantes no quieren un enfrentamiento con esa institución, quieren votantes. Llevan ya más de tres décadas “autofinanciándose” a costa del Estado y tratándose de una institución con el currículum de la Iglesia católica pretenden estar otras tres décadas más.

Otras confesiones religiosas españolas reclaman también financiación y ventajas fiscales al gobierno, también quieren chupar del bote. Al final se tendrá que acabar para todos pero, de momento, los costes de la Iglesia católica salen de las arcas del Estado.

Y no hay que olvidar que de esas mismas arcas luego sale (o no sale) el dinero para construir carreteras, hospitales, guarderías, ayudar a otros países o a mejorar nuestro sistema educativo. Cosas que todos, aquí sí vale la palabra “todos”, deseamos.

 

Para saber más y mejor sobre el Concordato

(una versión de este artículo fue publicada en marzo de 2006 en la web cincominutos.com)

Publicat el 13 diciembre 2007 per admin | Arxivat a Colaboraciones