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¿Por qué matar a Juan Pablo I?

¿Por qué matar a Juan Pablo I?

Jaume Barallat

Ficción 25 – 412 págs

ISBN978-84-7948-090-5 9 PVP 18 euros

Sobre el autor

Jaume Barallat Barés es doctor en Historia por la Universidad de Barcelona; licenciado en Filosofía Pura por la Universidad de Valencia; en Filología Inglesa por la U. B. y en Teología y Ciencias Sociales por la Universidad Gregoriana de Roma. Es autor de diversos artículos en revistas de historia y de dos libros de investigación: L’Església sota el franquisme y Devotes, croats i militants (Lleida, 1994 y 1996); y otro, autobiográfico, Adéu, gàbia dels miralls! (Barcelona, 2001). Y también del capítulo “El Concili Vaticà II: obertura religiosa i nova involució” en El franquisme a Catalunya (Vol. 3; 2006) de AA.VV.Es el título del libro. También es la pregunta sobre una historia silenciada. ¿Cuál es la historia y que sucedió?

¿Por qué matar a Juan Pablo I?

Hubo una conspiración de distintos personajes, que se escabullen. Aquí en el libro, se presentan unas intrigas que, presuntamente, acaban en crimen; y el lector, por sí mismo, al acabar el libro, concluirá -así lo creemos- que se ha dado una coordinación de acciones para llegar a un fin.

Pero el hecho es que se esfuma la escena del presunto delito; ¿por qué?: la Curia Vaticana impide que se le haga la autopsia al cadáver, como sería normal realizarla en cualquier otro Estado.

A pesar de la decisión “oficial” de declararla una “muerte natural”, existen unas claras anomalías que, sumadas a la denegación oficial de una autopsia que se exigía, avalan, de forma  contundente, todos los serios indicios de un crimen:

  1. Juan Pablo I duró sólo 33 días desde que fuera elegido.
  2. Había tomado unas drásticas decisiones de gobierno, apunto de llevarse a cabo:

a)   Decisión de asistir a la Asamblea de la Conferencia Episcopal Latinoamericana en Puebla (para el año 1979) para confirmar definitivamente la ya realizada por la misma Conferencia Episcopal en Medellín el año 1968 -siguiendo las directrices de la Gaudium et Spes del Concilio-, que avalaba las iglesias populares de la Teología de la Liberación frente a las dictaduras de Latinoamérica y a altas Jerarquías Vaticanas. ¡Era el límite hasta el que un papa no debía llegar!: éste era el pensar común en la Curia Vaticana -que hasta ahora había “controlado” al Papa Montini- y en la Administración Norteamericana, entregada a la política de una Guerra Fría bipolar: todo movimiento social sólo era concebible en clave de pertenencia a uno u otro de los dos bandos, el comunista o el del mundo libre occidental.

b)   Decisión de recibir a unas comisiones estadounidenses (con algunos miembros del Senado) y de la ONU tendientes a cambiar la política mundial respecto a la prevención de la natalidad. Tal decisión chocaba con las directrices eclesiásticas que la corriente conservadora pro-Ortodoxia había conseguido introducir, al último momento, en la encíclica Humanae Vitae de Pablo VI. Doctrinalmente, la decisión del nuevo Papa suponía una definitiva confirmación práctica de la libertad de conciencia del creyente por encima de la imposición externa de una Ortodoxia. Era la reafirmación del cambio de paradigma que se había proclamado en el Concilio con la Gaudium et Spes; cambio que nunca había aceptado el bando perdedor, mayoritario en la Curia Vaticana.

c)   Decisión, inmediata al ser elegido, de investigar a fondo sobre el desfalco  de mil trescientos millones de dólares del Banco Vaticano; y nueva decisión, a los quince días, de destituir a Marcinkus y a otros monsignori implicados en el desfalco (ellos se lamentaban ya claramente entre amigotes).

d)   Decisión, a mediados de setiembre, de investigar a fondo sobre los altos dirigentes curiales que fueran miembros de la logia derechista-masónica de la rama P2, con el ánimo de destituirlos y hasta excomulgarlos.

e)   Decisión, poquísimo antes de su muerte, de realizar unos ceses de altos cargos del gobierno de la Iglesia, De estos ceses, el Papa había estado hablando telefónicamente durante una hora -leyéndole de unos apuntes- al cardenal Colombo (progresista) de Milán, justamente a las 9 de la tarde en cuya noche se lo habían de hallar muerto.

  1. Hecho: a las 5h de la mañana, al detectarse su muerte, se cambió el escenario de la alcoba papal: le pusieron en las manos del muerto un librito, La imitación de Cristo -que él no tenía en Roma, sino en Véneto-, sacándole de las manos, en cambio, unos apuntes que tenía -y llevándose sus gafas y el vaso de agua y medicina para las gotas contadas que se le debían mezclar regularmente cada noche (debido a una baja presión crónica-controlada, según su médico privado). Y se impuso el secreto absoluto a todos los posibles testigos allí presentes.

[Sobre puntos 1, 2 y 3, Cfr el detectivesco periodista británico Yallop, En nombre de Dios (Planeta, 1988, 10ª edición), libro inexistente desde entonces en la librerías. Consulta la nota 17, p.352 del libro que hoy presentamos (incluido todo lo referente al informe Gagnon)]

  1. Contexto de Guerra Fría bipolar en el mundo, agudizada en Latinoamérica. El ya citado conflicto entre Teología de la Liberación (las iglesias populares) y las dictaduras con respaldo norteamericano y de la Curia Vaticana, son de ello una evidencia punzante.
  2. Convicción del KGB ya desde el año1979 -según los servicios secretos americanos, que se enteraron de forma fiable– de que la elección papal de Wojtyla había sido planeada por Brzezinski con el claro objetivo de que un papa polaco hiciera estallar el malestar creciente en Polonia y dando por sentado que tal explosión social en el país más frágil de su ámbito, dinamitaría todo el granítico bloque económico comunista (ver texto y nota en p 376-7 del libro). Asimismo, se daba el claro apoyo del Episcopado o Cardenalato Norteamericano por Wojtyla (ver en libro, p 215-6 y nota 10). Ahora bien ¿incluiría tal citada convicción soviética su sospecha de un presunto previo asesinato papal? ¿y en qué se basaría? No sabemos que haya cables desclasificados que digan nada de ello (consultad Apéndice).
  3. Posteriores largos paseos televisivos del Papa Wojtyla por Latinoamérica para desmantelar la Teología de la Liberación y hacer de altavoz de la política del republicano Reagan, el de la Guerra de las Galaxias -se orientó, también, el voto católico hacia aquel republicano para su posterior segundo mandato, 1984  (y con el agravante de que siempre se había orientado tal voto a favor de los demócratas)-. Y todo, acompañado (año 1983) de la ayuda de Reagan al Papa de $300 millones para poder salvarlo de los urgentes acreedores del Banco Vaticano, que amenazaban con llevar al responsable del desfalco a los tribunales (ver capítulo final).

Y, vistos los serios indicios, se presenta luego un interrogante: la típica figura de unos altos cómplices eclesiásticos, imprescindibles para un presunto asesinato de Juan Pablo I, en el momento justo en que el Papa había ya tomado decisiones-clave en línea con el Concilio; son indicios, pero acompañados de un hecho elocuente: el claro interés en ellos -muy evidente- de dar por supuesto -de manera autoritaria y forzada e impidiendo una exigida autopsia- que “aquella era una muerte puramente natural”: sólo de esta manera sería posible paralizar en el acto y sin objeción las firmes decisiones tomadas por un papa que quebraba todo el esquema del mundo de los “monsignori”.

Así nos expresamos en el Apéndice:  “Valga un simple ejemplo en breve comentario a las páginas 353-6[…] La ‘figura’ de altos cómplices [digna de ser analizada] apunta a una mente cuadrada, con su sistema de significados, extraños miedos por funestas catástrofes postconciliares, temidos juicios por Banca Vaticana, tipo de motivaciones y secretismo de actuaciones o imposición de silencios[muy parecidos a la ‘omertà’ de la mafia]. Todo ello es encajable, como anillo al dedo, al engranaje de pasos realizados y conducente, en aquel preciso momento de decisiones papales, a ‘una muerte del Papa que pareciera puramente natural’ y que, como natural, así fuera avalada al obstruirse e impedirse institucionalmente toda demanda de realización de una autopsia.”

“Se podría objetar a unos Eminentísimos señores que el pretender la desaparición física del Papa no es precisamente buscar el interés de la Iglesia. Que su conducta sería  irracional o moralmente reprobable. Pero el definir la situación que ellos vivían internamente desde nuestra propia óptica de ahora sería un craso error de apreciación; para enfocarla rectamente y enderezar bien nuestra investigación, hay que juzgar los intereses en juego de la Iglesia según se definían en la mente de aquellos personajes de ortodoxias: de la misma manera en que sus ancestros Inquisidores se justificaban en sus conductas, para mayor gloria de Dios y de la Iglesia, mientras estaban quemando vivas a las brujas”: ¡y éstos son datos observables y enjuiciables desde fuera!

Pero aquí entramos en un campo en que -como en el mismo Apéndice decimos- se nos fuerza a un cambio literario, a caballo entre el ensayo y una cierta forma de ficción: “Tal desaparición de datos o pruebas incriminatorias, hacen aconsejable, pues, que la narrativa presente un lado de ficción cuando no se disponga de pruebas estrictas. Para el lector -¡no ofendamos a su inteligencia!- resulta fácil distinguir ficción de historia.” Y resulta, además, que una cierta dosis de ficción en el modo de presentar el caso trae ventajas: destapar y volver diáfanas las múltiples formas de infundir miedo por parte de Jerarcas; porque ¡éste es el trasfondo del relato, y en un pozo sin fondo!: las formas, bien reales, que se han dado y se dan en ‘la manipulación del miedo’. Y por parte de la víctima, su cooperación más o menos inconsciente o conspiración de silencio: esto sucede cuando ella interioriza los anatemas que le infunden culpas o miedos a infiernos y, de esta manera, acepta su infeliz destino (dentro del horizonte mental  de lo que se da por supuesto) y actúa como triste comparsa del curso de acción que otros han planeado y decidido para ella. ¿Puede ella evitarlo? Y si es así, ¿no le urge ya? Ésta es la razón por la que tratamos de indagar históricamente en la génesis de la mentalidad en Jerarcas, que emerge, en un continuum, de la Inquisición. Y finalmente el libro, ensamblando la reconstrucción, liga las varias vertientes del miedo inducido en la vida cotidiana de víctimas y, asimismo, en su vasallaje a los inductores: he aquí, pues, tal ficción-recreación por vía literaria. Tal método es iluminador al evidenciar que todo lo analizado entronca con la final histórica toma del poder en la Iglesia por parte del bando perdedor en el Concilio Vaticano II tras aquella misteriosa muerte o presunto asesinato: ¡¿Por qué matar a Juan Pablo I?!

“La ‘figura’ de tal mente clerical ha sido previamente analizada en pormenor y en su génesis, tanto en el Cap. 14 como en toda la 1ª Parte, especialmente en el Cap. 6: ‘La Ortodoxia al descubierto’. Y es la misma figura que, históricamente, apareció en público en pleno Concilio Vaticano II, con unos precisos cardenales curiales que se negaban a aceptar la doctrina conciliar ante Pablo VI en aquel llamado Noviembre Negro de 1964 [Nuestra aparente ‘ficción’ engrana, pues, con el análisis histórico]. De aquéllos se habla en nuestro Capítulo ‘El Concili Vaticà II: obertura religiosa i nova involució’ de El franquisme a Catalunya (Vol 3, febrero, 2006) de AA.VV: los Ottaviani-Baggio-Bertoli-Poletti-Villot o también, posteriormente, Krol-Cody-Marcinkus.”

Es clave aquí, pues, el análisis de una mentalidad clerical que presuntamente sea un alto cómplice, pero este análisis ha de hacerse evidente tras las bambalinas de unos registros especiales, con su lenguaje y estilo distinto del ordinario, incrustado en el interior de tal mente y siendo nosotros capaces, pues, de entrar en diálogo con ella utilizando su mismo lenguaje barroco-laberíntico y que, así, la podamos dibujar -y precisemos como rasgo típico suyo la manipulación del miedo, inculcación del sentido-de-culpa/necesidad-de-reparación-mortificación y anatema-de-herejía-discrepante-de-Santa-Ortodoxia-: se trata, pues, de traer con nosotros la atmósfera mental- mundo real donde se incubó presuntamente una alianza cómplice con tal crimen [El mundo real que intentamos analizar se revela en su registro de lenguaje -más que ficción es, pues, ensayo-: y esto vale para los silogismos y anatemas de inquisidores o místicos clérigos-caballeros-andantes, para los oráculos suicidas de alquaedistas o para las soflamas ilusas en que habitan los etarras. En todos ellos, su respectivo lenguaje es su puente con la realidad: es el aparato simbólico a través del cual captamos el mundo, ordenamos la experiencia, interpretamos la existencia y aceptamos valores y hasta una lógica]. Y así se procede aquí con un personaje protagonista, Duefacce (ved nota 6 en p. 79), aparentemente de pura ficción [su tortuoso caminar de intrigante en la escena inicial que abre el libro es la antítesis de la recta trayectoria que toma -acatando a la conciencia- su antagonista el secretario al salir del mundo vaticano (final de cap. 12 y cap. 13); y estos contrapuestos andares prosiguen en toda la 2ª Parte “Mirada Retrospectiva”] , pero en realidad es un sondeo psicológico-sociológico del “tipo ideal” englobante de personajes bien reales del alto clero adoctrinado-y-adoctrinante [o el de su opuesto]; y también con personajes -en que se incuban futuros duefacces- como Pio y Escolástico [cuyo mundo y vida son regulados por un ilusionista juego, una implacable noria idealizante llevándoles en alas (Ved todo el capítulo 14, en cuya nota del comienzo se da razón de su cambio de estilo con respecto a la narración anterior)]. De hecho, se nos conduce a una inmersión en la atmósfera mental de unos particulares personajes clericales, con todo su verismo (casi pueden verse sus tics somáticos y remilgo de movimientos). Aparte del rechazo que tales fantasmas nos produzcan, también traen comprensión y realismo a la descripción que se va hilando sobre el gran complot. Y el posterior relato sobre éste (el siguiente y final capítulo 15) presentará una nueva dimensión trágica en su visión retrospectiva: el horizonte goyesco de tal mente esperpéntica tomando la batuta en la dirección de la Iglesia y del mundo [¿Y no es también útil (ver Epílogo) presentar una versión secularizada de manipulación del miedo colectivo en el caso de la guerra-cruzada contra Irak? ¿No daría pie a un psicoanálisis o socio-análisis de los neocons-teocons que, movidos por una Santa Causa metajurídica, han lanzado a Occidente hacia una Cruzada preventiva de su miedo, su única tabla de salvación?: “La detención de cientos de personas -dice una resolución del Tribunal Supremo de España-, sin cargos, sin garantías(…)en la base de Guantánamo, custodiados por el Ejército de los EEUU, constituye una situación de imposible explicación y menos justificación desde la realidad jurídica y política en la que se encuentra enclavada.”]

¿Es el libro, pues, ficción o ensayo? Si bien faltan las pruebas “estrictas” inculpando a un reo concreto, digamos que se hace difícil negar una conspiración ni que el propio lector sea capaz de extraer correctamente sus conclusiones. Y ello se hará más evidente si el lector, siguiendo el hilo del libro, se siente capaz de introducirse en el enrevesado mundo de la mente de un curial, de seguir su razonamiento y analizar dónde radican sus seguridades y cuál es la génesis de sus miedos.

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Publicat el 3 enero 2010 per Padc | Arxivat a Arxiu, Colaboraciones