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Ateus de Catalunya és soci fundador de la AILP


CARTA ABIERTA DE UN CIUDADANO DE BARCELONA A SU SANTIDAD Benedicto XVI ANTE LA INMINENCIA DE SU VISITA:

Benedicto, en tu visita a Barcelona, y dejando a un lado tu:

* Transparente misoginia y empecinamiento en discriminar a los seres humanos que carecen de pene, considerándolos como seres de segunda categoría y subordinados al macho de la especie; siguiendo una ya rancia tradición histórica que se remonta a las enseñanzas de Pablo de Tarso, fundador del cristianismo.
* Feroz denegación de derechos básicos a los homosexuales y condenación de los mismos al infierno para toda la eternidad. (Ya que, y como tu nos recuerdas a menudo, “La homosexualidad es un mal moral intrínseco”).
* Intolerancia con todas las concepciones del mundo que no reverencian la que tu propones: religiosas, humanistas, seculares, ateas…
* Asombrosa y divertidísima pretensión de ser infalible, de poseer línea directa y exclusiva de comunicación con el todopoderoso creador del universo que te comunica su voluntad. Suponiendo ello el necesario corolario de convertirte en un individuo absolutamente incapaz de reconocer la viga incrustada en el propio ojo.
* Mendacidad descarada respecto a la eficacia de los preservativos como método de prevención de las ETS; y consiguiente responsabilidad en la extensión del SIDA en África y en otros lugares, con el resultado de millones de muertes que habrías podido evitar fácilmente. (¿Cómo? Simplemente manteniendo la boca cerrada Benedicto).
* Defensa de una moral retrograda y completamente alejada de las realidades del siglo XXI -en todos los aspectos significativos de la vida humana- y presuntuosa pretensión de imponer esta moral al mundo.
* Apoyo a la segregación infantil en las escuelas por motivos religiosos.
* Proclividad a manifestar a la menor oportunidad tu profunda aversión hacia los valores de la Ilustración: la libertad personal, de pensamiento, de expresión, religiosa, la igualdad ante la ley, el acceso al conocimiento, etc.
* Mórbida concepción de la sexualidad humana, fuente de incontables sufrimientos para los que han tenido la mala fortuna de tomarte a ti y a tus predecesores en serio. Y triste incapacidad de comprender que sexo y moral no son conceptos equivalentes e intercambiables. (Y, entre tu y yo Benedicto, quizás esta perla del conocimiento no ha llegado a las altas torres de tu triste y marmóreo celibato, pero has de saber que… el sexo es divertido).
* Empeño en vivir en un mundo fantasioso e irreal poblado por conceptos como “almas” y “pecados” y “redenciones”, “infiernos” y “paraísos”, “ángeles” y “diablos”, “pecados originales” y “serpientes y burros parlantes”, “milagros” y “resurrecciones”, “dioses que bajan a la tierra y dejan embarazadas a las mujeres”… ideas todas ellas fabulosas que nublan tu juicio y te hacen perder de vista lo que realmente es importante para la humanidad. (Detente un momento Benedicto y recuerda cuando todavía eras un niño, cuando jugabas y todavía no te habían escondido bajo una negra sotana o, ya que en ello estamos, cuando la cruz gamada aún no adornaba tu uniforme).
* Responsabilidad personal en la liquidación de la Teología de La Liberación, y en la condena al ostracismo (y a la excomunión) de sus defensores, por atreverse estos a afirmar que la salvación se logra a través de la ayuda material a los pobres y no, como tu afirmas, a través de Jesús interpretado por la Iglesia (es decir, por ti).
* Terror pánico a ser objeto de mofa y ridículo; y falta absoluta, total y abrumadora, de sentido del humor. (No, Benedicto, no trates de sonreír. El sentido del humor es difícil de simular… y todavía empeoras las cosas. En tu caso es una batalla perdida, créeme).
* Incapacidad de comprender que por mucho que te esfuerces, por muchos fantasmas que agites y demonios y males y terrores futuros que profetices, una gran parte de los seres humanos ya no van a renunciar nunca a los derechos de libertad de pensamiento y de expresión que tanto costaron a sus antecesores arrebatar a los tuyos.
* Rechazo, en tu calidad de Jefe de Estado del Vaticano, a la ratificación de numerosos convenios internacionales en defensa de los derechos humanos; colocándote, consiguientemente, en compañía de países de la talla moral de Libia, Irán, China, los EAU, Birmania, Corea del Norte, etc.
* Absurdas ideas respecto a la reproducción humana y al control de natalidad, causantes todas ellas de una cantidad de sufrimientos gratuitos y completamente evitables que afectan a millones de personas.
* Obsesión enfermiza con la idea del pecado del que, según la prepotente filosofía que defiendes, sólo la organización que tu presides, y cuyas normas tu estipulas, puede salvarnos.
* Responsabilidad directa y personal, en tu calidad de Prefecto de la Congregación para la de la Doctrina de la Fe -la antigua y popular Santa Inquisición-, como encubridor de los escándalos de abuso y violación de menores perpetrados por miles de curas pederastas en todo el mundo. (Maciel, Murphy, Kiesle, Roemer, Vangheluwe, Law, Smyth, Irlanda… ¿Te suenan de algo Benedicto?). Encubrimiento que hoy continúa ante tu negativa a proporcionar algún tipo de ayuda real y tangible a las autoridades civiles como, por ejemplo, acceso a los archivos eclesiales. (Comprenderás, Benedicto, que limitarte a vacuos actos de contrición sin consecuencia prácticas, y a promesas de abundantes plegarias y compromisos de “cuidado pastoral”, no tiene efecto alguno en el mundo real, en la vida de los miles de víctimas ni en la situación de los criminales, que continúan en libertad, sin identificar, y a sus anchas).
* Oposición sistemática a los avances científicos que, como la investigación con células-madre, pueden salvar millones de vidas. (Recuerda, por ejemplo, la muy reciente condena de una de tus Academias Pontificias al último premio Nobel de medicina.)
* Condena a todo tipo de eutanasia y falta de empatía y compasión respecto a los que sufren. Y ausencia de propuestas o soluciones tangibles y realistas tendentes a aminorar aquellos sufrimientos. (No, Benedicto, recomendar que uno “se encomiende a Dios” o decir que “vas a rezar por ellos” no cuentan como soluciones realistas).
* Empeño en atemorizar a los niños adoctrinándolos en tus ridículas supersticiones medievales e infectando sus mentes con culpas y terrores imaginarios. (Aunque aquí te comprendo Benedicto: ¿Cómo vas a conseguir que un adulto de mente independiente se las arregle para creer todas esas quiméricas fantasías y sea capaz de leer la Biblia sin escandalizarse por la sarta de horrendos crímenes de todo tipo cometidos por el Dios al que tu veneras?. ¡Ah! El viejo lema jesuita: “Dadme al niño y os devolveré al hombre”).
* Perversa creencia en la existencia del infierno y del diablo en vez de en la responsabilidad humana. Y perversión sobre perversión al predicar esta doctrina de terror e irresponsabilidad a los niños, con la autoridad moral que te han dado siglos de sangre y guerra, y explotación y sufrimiento todos celebrados en el nombre de tu Dios.
* Distorsión permanente de la Historia en todos tus pronunciamientos públicos. (Por poner un ejemplo reciente Benedicto, referente a tu último discurso, en Londres: Hitler no sólo no era ateo -como tu afirmaste- sino que nunca renunció al catolicismo en el que fue educado, firmó un famoso –infausto- concordato con Pío XII y manifestó en numerosas ocasiones -en público y en privado, por escrito y oralmente- su creencia en Dios; todo ello antes de que sus soldados lucieran en la hebilla del cinturón de sus uniformes, la elegante y vistosa leyenda: “Gott Mit Uns” o de que tus sacerdotes -hasta el año 1945- rezaran cada domingo en tus iglesias alemanas por el bienestar del amado Führer.) (¡Ay, Benedicto… que vamos perdiendo la memoria! Y, por cierto, ¿Quizás tu sepas por qué razón Pío XII no excomulgó nunca a Hitler y, en cambio, si lo hizo con Stalin y todos sus secuaces? Debes saberlo ya que parece que tienes la intención de convertirlo en santo.)
* Arrogancia y propensión a mostrar tu desmesurado orgullo y desprecio intelectual hacia el pueblo cristiano, tus “ovejas”, en tus libros y discursos. (De tus citas una de mis favoritas es la siguiente: “El creyente cristiano es una persona simple: los obispos deben proteger la fe de las personas insignificantes ante el poder de los intelectuales”; también me enternece tu defensa del Índice de Libros Prohibidos, al afirmar que “mantiene su fuerza moral pese a su disolución” y que es adecuado “para los fieles menos preparados”).
* Insensato convencimiento de que el ser humano es inherentemente perverso y malvado y de que tal iniquidad solo puede ser eliminada con la ayuda de la organización que tu presides previa celebración de varios curiosos y extravagantes encantamientos. (Sacramentos, creo que tu los llamas; aunque por muchas sedas que la mona…).
* Pretensión de ser considerado un líder moral cuando sólo eres sucesor de una larga lista de tiranos que, si se han destacado por algo, ha sido por promover incontables guerras y cruzadas, cometer asesinatos, perpetrar violaciones de hombres mujeres y niños, poseer esclavos, alcanzar cotas de corrupción y simonía inimaginables, inocular el veneno del antisemitismo en el mundo y, entre otras muchas lindezas a cual más edificante, apoyar activamente y firmar concordatos con las dictaduras más abyectas que han existido jamás sobre la tierra. (Sí, amigo Benedicto, bien es verdad que tu Iglesia también ha hecho cosas buenas, pero resulta difícil reconocer los méritos de quien te alimenta después de que tu ahora benefactor te haya arrancado los ojos en el pasado).
* Condición de último dictador de Europa y jefe de un estado totalitario sobre el que ejerces un poder absoluto. Un estado dictatorial que fue creado, instituido y después entregado por Benito Mussolini a uno de tus predecesores, a cambio del apoyo de la Iglesia al fascismo italiano. (Apoyo que, como recordarás Benedicto, y siguiendo una tradición ya más que secular, tu Iglesia proporcionó en abundancia y con generosidad no sólo a tu tocayo, sino también a sus alegres amigos y compañeros de fascistas francachelas Antonio, Francisco y Adolfo).
* Enfermiza obsesión con los supuestos males de la democracia, el progreso y el liberalismo y de los estados seculares que los defienden. Y curiosa y pertinaz ceguera ante la evidencia universalmente reconocida de que estos estados son los que han proporcionado mayor bienestar al ser humano desde el principio de la historia. (Aunque es cierto Benedicto, que aquí, como en muchos otros lugares, no estás sólo: cuentas con la valiosa y aguerrida compañía del fundamentalismo islámico).
* Calidad de CEO y propietario único y absoluto de una de las mayores y más poderosas corporaciones del planeta -probablemente la más obscenamente rica del mundo-, que posee un estado propio con sistema bancario también propio y cuyas transacciones comerciales y maniobras económicas son secretas y no están sujetas a ningún tipo de control. (En palabras de uno de tus dirigentes, y refiriéndose sólo a los EEUU: “La Iglesia Católica debe ser la corporación más grande de los EEUU. Tenemos delegaciones en todos los barrios. Nuestros activos e inmuebles probablemente superan a los de la Standard Oil, la ATT&T y US Steel conjuntos”.)
* Traición abierta y flagrante, en tu propia vida personal y en la de la Iglesia que presides, a los principios de caridad, bondad, tolerancia, humildad y pobreza que se supone que predicaba Jesús. (Paséate por tu Vaticano o echa un vistazo a tu indumentaria si tienes alguna duda al respecto.)
* Responsabilidad en la destrucción del espíritu reformista del Concilio Vaticano II y entusiasta bienvenida a las concepciones más reaccionarias de la Iglesia del pasado. (¡Ah, que placer Benedicto, asistir a una misa oficiada en latín, con un sacerdote negador del holocausto -¡o uno del Opus Dei!- ante el altar y dando la espalda a los fieles!).
* Vergonzoso intento de captar dentro de la Iglesia Católica, mediante sobornos en forma de cargos y mantenimiento de privilegios, a los sacerdotes anglicanos que no deseen abandonar sus prejuicios homófobos y misóginos. (Hay que admitirlo Benedicto: Serás un ancianito, pero todavía tienes narices).
* Patética decisión de resucitar los ridículos sombreritos de terciopelo, los lujosos zapatitos rojos y el resto de carísimos adminículos que solían lucir tus desvergonzados antecesores medievales. (¡Ah, vanidad de vanidades! Que pequeñitos que somos todos Benedicto…).
* Aspecto malvado y de viejo homosexual reprimido e incapaz de sonreír y de abrazar a un niño, u a otro ser humano, con auténtico cariño.
* Sorprendente modo de viajar: La circunstancia de que tanto si nos gusta como si no, todos los catalanes vamos a tener que pagar los millones de euros que va a costar tu viaje (cuyo montante total desconocemos debido a la cobardía moral de nuestros políticos que no se atreven a publicar las cifras por miedo a ofenderte). Es irónico Benedicto: Vienes a nuestro país a predicar contra los valores de tus anfitriones, a hacer proselitismo de tu religión particular, que condena y critica el modo de vida de gran parte de los catalanes, y nosotros, como cretinos, te pagamos los gastos. ¡Chapeau Benedicto! Aquí en Catalunya tenemos una expresión: “Quina barra que tens tiu!”.

Sí Benedicto, dejando a un lado las minucias anteriores
(y algunas más que omitimos por falta de resuello)…

¡Barcelona te da la bienvenida!

Publicat el 17 Octubre 2011 per Padc | Arxivat a Arxiu, Colaboraciones