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Charla sobre niños, Iglesia y Vallejo Nágera

LA REEDUCACIÓN POLÍTICA EN EL FRANQUISMO: LA EXPERIENCIA DE LA CARCEL DE MUJERES DE MÁLAGA

Por Antonio Somoza Barcenilla

El doble titulo de la charla que me ha correspondido presentar en estas jornadas trata, por una parte, de explicar el proceso de reeducación y, en ocasiones, el secuestro al que fueron sometidos los hijos de los hombres y mujeres que perdieron la guerra civil (republicanos, anarquistas, socialistas, comunistas) durante todo el Franquismo. Un proceso, que luego sería emulado por dictaduras sudamericanas, y que en sus orígenes tiene una fundamentación pseudocientífica basada en unos estudios a los que son sometidas 50 mujeres prisioneras en la cárcel de Málaga. El lugar para el desarrollo de esta ponencia no creo que pueda ser más adecuado ya que este edificio fue uno de los utilizados para educar a los hijos de los perdedores en las ideas contrarias a las de sus padres.

Cuando me afanaba en preparar mi intervención ¿Qué se dirá en internet del derecho de los padres a educar a sus hijos?—. Así que para salir de dudas puse en el buscador Google esas mismas palabras “el derecho de los padres a educar a sus hijos”. El resultado fue abrumador 6.770.000 resultados en solo 0,28 segundos. Evidentemente no repasé todas las páginas, pero de las 20 primeras pleno absoluto de páginas de la Iglesia Católica y organizaciones afines: catholic.net, conferenciaepiscopal.es, javier.org, iglesiadomestica.org, foroandaluzfamilia.org, españaeducaenlibertad.org (pagina de la plataforma de padre objetores de Chiclana, no nos engañemos tras tan sugerente título), forumlibertas.com, diocesisdesalamanca.com, infocatólica.com, almundi.es, cope.es… En fin una relación inacabable de los recursos de información electrónica, en algunos casos bastante bien camuflados, que mueve la iglesia. Realmente, apabulla la legión virtual de Cristo.

Pero ¿qué postura defiende la Iglesia acerca de este derecho que, al parecer le parece tan fundamental?. Para realizar una aproximación he seleccionado algunos párrafos de la carta pastoral de los obispos de Toledo sobre la Educación, fechada el 21 de junio de 2008, tomada de otra página católica (humanitas.cl)

* Os corresponde a los padres elegir y determinar el tipo de formación religiosa y moral que deseéis para vuestros hijos. Éste es vuestro derecho primordial, insustituible e inalienable.

Me voy a permitir (dios me perdone) robarle a los obispos de Toledo el arranque de su última frase con la mejor voluntad posible. Es una lástima que esto que es tan obvio hoy en día no lo fuera también hace 70 años, al termino de la Guerra Civil, cuando esa misma Iglesia, que hoy monta en cólera ante la enseñanza de la Educación para la ciudadanía, participó de forma voluntaria y entusiasta en el mayor proceso no de educación, sino de reeducación de unos niños en contra de las ideas de sus padres e, incluso, en contra de sus mismos padres.

Dado que he entresacado tres frases de los obispos de Toledo en defensa del derecho de los padres a la educación de sus hijos, voy a entresacar otros tantos testimonios de la manera en la que aplicó la Iglesia española ese derecho cuando tuvo la oportunidad.

José Murillo (hijo de testigo): Le dijeron a mi madre: “A tu hija se la han llevado. Han estado aquí las monjas y se la han llevado a ella y a tres más. Las han metido en un coche y se las han llevado a Barcelona de monjas”.

Uxenu Álvarez (hijo de republicanos): Me mentalizaban para que fuera en contra de mi padre y de la España democrática y republicana. Tenía que ser como ellos, como los vencedores. Toda mi educación ha sido el “Cara al sol” y el “Padrenuestro”. Me robaron la infancia, me mataron en el 36. Soy un muerto en cuanto a lo que iba a ser.

Testimonio recogido por Consuelo García en su obra “Las cárceles de Soledad Real” en el que relata el caso de una presa anónima: “Y a su niña se la quitaron y se la llevaron a un colegio de monjas. Entonces esta mujer escribe continuamente a la niña desde la cárcel  hablándole de su papá. Que su papá es bueno, que recuerde a su papá. Y ya llega un momento en que la niña le escribe: “Mamá, voy a desengañarte, no me hables de papá, ya se que mi padre era un criminal. Voy a tomar los hábitos. He renunciado a padre y madre, no me escribas más. Ya no quiero saber más de mi padre”.

No ha habido aún ni un solo obispo, arzobispo, cardenal o Papa que se haya disculpado por este proceder. Sería bueno que la Iglesia repasara su papel en la postguerra antes de condenar a las llamas eternas a quienes niegan a los padres el derecho a educar a sus hijos según su ideología no vaya a ser que terminen las sotanas chamuscadas

LOS FUNDAMENTOS CIENTÍFICOS DEL TERROR

Pero esta labor que emprendieron con gran tesón muchas órdenes de religiosos y religiosas, el auxilio social y los patronatos de la Merced y de San Pablo, se apartaba bastante del carácter benéfico con que las trataba de revestir el Estado Franquista. Era más bien una parte del plan de terror que se marcaron los generales golpistas desde el primer momento, un paso más en el plan de exterminio, resumida en la frase más tremebunda del general Mola.

“Hay que sembrar el terror… hay que dejar la sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

No se como puede haber quien siga poniendo en duda que lo ocurrido en España fue un genocidio. Por si la frase de Mola no fuera suficiente vamos a referirnos ahora al papel de Antonio Vallejo Nágera, director de los servicios psiquiátricos del Ejército y autor de una peregrina y muy peligrosa teoría racista. Formado en Alemania y ferviente admirador de las teorías nazis, su teorías se transformaron en la ideología del régimen. Eran profundamente racistas, contraponiendo la raza española (que se caracterizaba por su masculinismo, canto a la fuerza física, nacionalismo extremo y un profundo catolicismo) a la raza roja inferior, compuesta de subdesarrollados mentales, psicópatas y degenerados, contaminados por un marxismo, judaísmo y masonismo al cual eran vulnerables las clases populares por su subdesarrollo mental.

Sus teorías, confirmadas (?) con unos trabajos de campo realizados con brigadistas internacionales y con mujeres presas en la cárcel de Málaga sirvieron para dos objetivos concretos: Por una parte para dar cobertura “científica” a las matanzas masivas de quienes amenazaban con degenerar la raza hispánica y, por otro, para justificar todas las actuaciones contra los niños.

Para Vallejo Nágera el problema de la inferioridad de raza podía corregirse en la infancia. De ahí que se requiriese que a las madres rojas se les quitaran los infantes para evitar su contaminación y degeneración. La Acción Social de La Falange y la Iglesia jugaron un papel muy importante en esta depuración de la raza “salvando” a los infantes de tal patología que podía transmitirse de madres a hijos. Los robos de niños eran frecuentemente hechos para el beneficio de parejas afines al régimen que deseaban tener niños. Miles de niños fueron sustraídos de sus madres rojas.

POLÍTICA DE ESTADO

Esta política de robos era política del Estado. El Ministerio de Justicia tenía como responsabilidad robar (el término que se utilizaba era recoger) a todos los hijos de los asesinados, encarcelados o desaparecidos, a fin de “liberarles de la miseria material y moral que suponía su distanciamiento del nuevo Estado español”. En 1943 los hijos de presos bajo tutela del Estado eran 12.043. Pero, según los datos del Patronato San Pablo, en los dos años siguientes (1944-45) , se gestionó el ingreso de 30.960 tutelados por el Estado en 258 centros.

El primer gran trabajo sobre este tema lo realizaron un historiador, Ricard Vinyes, y dos periodistas  de la Televisión de Catalunya: Montse Armengou y Ricard Vives. Tuvo un doble formato de documental en dos capítulos y un libro estremecedor. Ambas obras llevan como título Los niños perdidos del franquismo y en ellos hacen un riguroso recorrido por los casos de niños, la mayoría bebes, (imposible saber cuantos, pero seguro que se contaban por cientos y fácilmente por millares) que fallecieron en las prisiones por enfermedades o desnutrición y por los mecanismos desarrollados por el franquismo para la reeducación masiva y en ocasiones, en muchas ocasiones, para el secuestro de los niños..

“Las cifras que ofrecía el Estado franquista eran importantes, y precisamente su magnitud permite valorar mejor el alcance de la situación: no fueron episodios aislados, sino derivados de un proyecto de reeducación masiva con los más débiles, los hijos de las familias de unos perdedores sin posibilidad de defensa, familias amenazadas por la situación creada por la Victoria y con una capacidad de reacción prácticamente nula. Esta enormidad de hijos e hijas que fueron a parar al Auxilio Social y a otras instituciones públicas y religiosas son nuestros niños perdidos”.

Esta política supuso la privación del derecho de esos niños a ser formados por sus padres o familiares y de estos a criarlos según sus convicciones, también supuso la desaparición física por un largo período o para siempre, el alejamiento de los menores de sus lugares de residencia y la separación de hermanos en centros alejados entre si. Y todo ello fue posible gracias a la activa colaboración de la Iglesia que, además tuvo con esta actuación unos ingresos nada despreciables (4 pesetas por niño y día, deducidas de los magros salarios de los encarcelados en talleres o destacamentos de trabajo).

No nos va a dar tiempo a entretenernos en un análisis pormenorizado de la legislación emanada del estado franquista para dar cobertura legal a estas actuaciones. Las principales son la Orden de 30 de marzo de 1940 (que permite a las reclusas tener a sus hijos con ellas  como lactantes hasta los tres años, pero al cumplir 4 años debían ser separados de sus madres y entregados al Estado) y la Ley de 4 de diciembre de 1941 que legaliza el cambio de nombre de los niños y que de hecho, supone legalizar el secuestro y adopción de estos niños.

Hay otra mucha legislación de interés como la que rige los patronatos antes mencionados o las órdenes para el secuestro de los niños que habían salido de España y que residían en aquellos momentos en países controlados por los nazis.

ESPAñA Y ARGENTINA: SIMILITUDES Y DIFERENCIAS

El procedimiento de reeducación y secuestro de niños puesto en marcha por el régimen franquista, basándose en las ideas nazis de Vallejo Nágera y con la inestimable colaboración de la Iglesia Católica serviría de modelo décadas después para dictaduras como la Argentina. Ernesto Sábato en su informe sobre la represión en Argentina permitió articular las tipologías de actuaciones contra los niños. En España ha sido preciso esperar muchos más años para poder describir estos procesos que, por cierto, son más variados y, en ocasiones más crueles que en Argentina.

En Argentina, el informe Sábato permitió romper la capsula de impunidad que se habían fabricado los militares antes de que fallecieran y permitió juzgarles y condenarles, justamente por el secuestro y el maltrato de niños. La justicia cumplió con su función y recuperó la dignidad juzgando y condenando a los que actuaron como asesinos amparándose en una justicia que no merecía ese nombre.

En España sólo se ha perseguido y se ha encausado al juez que ha tratado de que se haga justicia con los niños secuestrados, con los desaparecidos, con los  fusilados y con los enterrados en las cunetas. La justicia española se preocupa mucho de cuestiones de competencia para echar tierra (mas aún) a una serie de procesos, plagados de irregularidades, en los que se vulnera sistemáticamente el derecho de defensa, auténticos linchamientos judiciales. En España, la Justicia sigue sin recuperar la dignidad que perdió amparando un genocidio contra el propio pueblo español.

En España, el robo de niños se asentó como una práctica habitual y recientemente hemos sabido que se prolongó en el tiempo, puede que hasta después de finalizada la dictadura, con la colaboración necesaria de ginecólogos y monjas destinadas en maternidades de toda España. Los tribunales, de momento, se están quitando el mochuelo de encima con sentencias de prescripción de los hechos denunciados.

En España, finalmente, la Iglesia sigue dándonos lecciones de libertad y de derechos de la familia sin presentar el menor arrepentimiento y unas disculpas sentidas. Quizás tengan razón. No hay que olvidar que son unos auténticos expertos en materia de reeducar a los niños contra sus padres, en destruir familias que no comulguen con sus principios e, incluso, en secuestrar físicamente a los niños… Debe ser la autoridad de la experiencia.

Muchas gracias

Salud

Publicat el 3 Diciembre 2011 per Padc | Arxivat a Arxiu, Ateus, Colaboraciones