ATEUS DE CATALUNYA

Campaña para suprimir la asignatura de religión de las escuelas e institutos

Esta campaña pretende sensibilizar a la opinión pública en general, pero en especial a la comunidad educativa, de la necesidad de suprimir cualquier contenido de carácter confesional o doctrinario del sistema educativo oficial, incluyendo toda referencia a elementos religiosos o ideológicos en forma de fenómenos culturales dentro de las disciplinas correspondientes, y previniendo la posibilidad de que el ámbito educativo pueda transformarse en una plataforma de adoctrinamiento.

La función del sistema educativo debería ser formar a los niños y jóvenes en una educación laica, respetuosa con las diferentes opciones de conciencia, como corresponde al marco aconfesional definido por la Constitución, pero a su vez preservando el ámbito educativo de cualquier posible injerencia proselitista por parte de grupos religiosos o ideológicos con sus propios intereses particulares.

La realidad nos muestra en cambio que la asignatura de religión que figura en los actuales planes de estudio es una asignatura “confesional” que tiene como único objetivo la transmisión de la “fe”. La religión es una creencia, no una forma de conocimiento. Es una ideología administrada por colectivos con intereses propios y, por tanto, su aprendizaje debería ser algo completamente voluntario y privado. El lugar natural de la religión no puede ser el ámbito educativo oficial, y menos aun ser financiada con fondos públicos. Su presencia en los planes de estudio es un atentado inaceptable a la libertad de conciencia que pone en cuestión la autonomía intelectual del individuo y la propia neutralidad ideológica del Estado.

En el marco de una sociedad cada vez más pluricultural es imprescindible garantizar la laicidad del sistema educativo, preservando el legítimo derecho a la diferencia que debe de poder ejercerse con plena libertad, pero sin invadir el espacio público patrimonio de todos los ciudadanos. Si queremos el día de mañana una sociedad democrática formada por hombres y mujeres libres entonces no podemos permitir que nuestras escuelas e institutos se sigan utilizando como plataformas de apostolado. Es preciso suprimir la asignatura de religión del sistema educativo.

 

¿Por qué la actual asignatura de religión confesional debe suprimirse del sistema educativo oficial?

1. En un Estado aconfesional no es aceptable la existencia de una asignatura de carácter confesional en los planes de estudio del sistema educativo oficial.

La Constitución establece que “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Eso significa que el Estado se define como neutral en materia de pensamiento, conciencia y religión, y que debe garantizar la libertad de los ciudadanos en ese ámbito siempre que no atenten contra los derechos humanos u otros principios constitucionales, pero ello también supone que el Estado no debe promover activamente ninguna forma de creencia o ideología concreta. En consecuencia, no es aceptable la presencia en el sistema educativo de contenidos confesionales que tienen por objetivo inculcar las creencias y valores de una religión o ideología. 

2. La única asignatura de religión que existe en el sistema educativo de nuestro país es una asignatura de carácter confesional.

Por tanto su finalidad es transmitir a los alumnos unas creencias y valores religiosos. Los contenidos de la asignatura de religión no son elaborados por el Ministerio sino por las confesiones religiosas, y las clases son impartidas por profesores designados por las propias confesiones, no por la Administración. La neutralidad ideológica de los contenidos de esta asignatura brilla por su ausencia, ya que tienden a ofrecer una visión sesgada y positiva de la religión y las confesiones religiosas. Se potencian los elementos que favorecen la religión y se ocultan los pasajes negativos u oscuros de su historia. Asimismo se evitan los hechos positivos aportados por aquellos que se han mantenido al margen de la religión o se han manifestado en su contra. Se tergiversa la historia y se fomentan las leyendas favorables a la religión en lugar de la investigación racional y rigurosa.

3. La asignatura de religión no transmite conocimientos, sino creencias especulativas y valores morales subjetivos.

Con frecuencia se da por supuesto que cualquier contenido docente responde a un conocimiento cierto, lo que es completamente erróneo o falso. Los hechos aceptados por la fe no son conocimientos positivos, sino creencias. El aprendizaje de dichas creencias puede ser perfectamente medible, pero eso no les confiere ningún certificado de veracidad. Si un personaje llamado Jesús nacido posiblemente en la época Romana era hijo de Dios o no, si nació de una virgen o no, ideas como la infalibilidad del Sumo Pontífice o la veracidad de los distintos libros “sagrados” son creencias que poco tienen que ver con el conocimiento positivo. No compete al sistema educativo evaluar el posible conocimiento de tales creencias religiosas por parte del alumnado.

4. La formación que corresponde garantizar a los poderes públicos en el ámbito escolar no precisa necesariamente de los valores religiosos.

La formación de los alumnos incluye tanto conocimientos positivos como valores y referentes morales. Ninguna educación puede ni debe mantenerse totalmente al margen de la transmisión de valores, pero en lo que respecta al ámbito escolar oficial ésto debería restringirse a los valores que forman parte del patrimonio común de nuestra sociedad democrática, los valores y referentes recogidos por la Constitución y la Declaración Universal de Derechos Humanos. El artículo 27.2 de la Constitución deja claro que “La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto de los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”. En caso de que la actual educación transversal en valores se revele insuficiente podrían incluirse contenidos específicos para reforzarla, pero en ese caso debería ser para todos los alumnos y, por descontado, en la medida de lo posible, sin connotaciones confesionales o ideológicas. El sistema educativo precisa de una enseñanza que transmita valores de tolerancia, pluralismo y libertad, que no son específicos de ninguna religión ni ideología concreta.

5. La finalidad última de cualquier enseñanza de carácter confesional es hacer proselitismo de una confesión religiosa u organización ideológica determinada.

La naturaleza de toda asignatura confesional es inculcar al alumno unas creencias, transmitir un sistema de valores y una forma de interpretar la realidad, es decir promover la doctrina de una confesión religiosa u organización ideológica. La propia Iglesia católica ha reconocido en múltiples ocasiones que la educación es para ella un importante camino de apostolado, de difundir las creencias y valores del cristianismo, y por tanto resulta innegable que ese es el principal objetivo de su presencia en el ámbito educativo, lo que contraviene explícitamente el mandato constitucional.

6. Suprimir la actual asignatura de religión confesional de los planes de estudio no supone expulsar la religión del ámbito escolar.

El llamado “hecho religioso”, es decir los elementos históricos, filosóficos, artísticos o culturales relacionados con la religión deberían figurar, como cualquier otro elemento que forme parte de nuestra cultura, religioso o no, en las áreas temáticas y asignaturas correspondientes, pero sin connotaciones confesionales. No se trata de expulsar toda referencia a la religión de la escuela, sino tan solo de suprimir todo adoctrinamiento confesional. La posibilidad de incluir o no alguna asignatura de religión en el currículo, en alguno o varios cursos, siempre que no sea confesional y sea impartida por profesores cualificados al margen de su adscripción religiosa o ideológica, debería obedecer solamente a criterios pedagógicos y siempre sin connotaciones doctrinales.

7. Suprimir la asignatura de religión confesional no impide que pueda estudiarse fuera del horario escolar, o al margen de los centros educativos.

El hecho de que se elimine la asignatura de religión confesional de los planes de estudio no impide a los alumnos que lo deseen recibir esta formación en otras instalaciones, o incluso en aquellos centros escolares que opten voluntariamente por ofrecer esta posibilidad fuera del horario escolar, como sucede con otras actividades opcionales. No se trata de proscribir la enseñanza de la religión, sino de situarla en el lugar que le corresponde. La enseñanza religiosa es un derecho reconocido por la Constitución, el artículo 27.3 dice que “Los poderes públicos garantizarán el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, pero garantizar ese derecho no significa en absoluto que dicha formación deba efectuarse dentro del ámbito escolar, ni que deba ser financiado con el dinero de todos los contribuyentes.

8. Suprimir del ámbito escolar la actual asignatura confesional no es ir en contra de la religión, sino defender la neutralidad ideológica del sistema educativo.

El sistema de educación oficial no debería promover ninguna doctrina o ideología. No se trata de ocultar a los alumnos ninguna realidad, pero las creencias y valores morales deben de ser tratados como lo que son. La religión no es una forma alternativa de conocimiento, sino una creencia especulativa, una ideología administrada por colectivos con sus propios intereses. La educación oficial no puede servir para promocionar ningún tipo de creencias ni opciones de conciencia particular, favorables ni contrarias a la religión, y por tanto aun menos favorecer a unas en detrimento de las demás.

9. No es legítimo obligar a realizar una asignatura alternativa a aquellos alumnos que no deseen seguir una enseñanza confesional.

El mero hecho de que una asignatura sea voluntaria no legitima su presencia en el sistema educativo, porque entonces todas las ideologías tendrían el mismo derecho a entrar en los planes de estudio siempre que no fuesen obligatorias para los alumnos. En realidad, la inclusión de una alternativa no es más que un pretexto para justificar la presencia de la religión confesional. Los alumnos que no desean cursar religión se ven obligados a seguir otra asignatura sólo porque sus compañeros optan por aprender una doctrina. Se trata de un factor disuasorio para que no se “libren” y estimular así la presencia de la asignatura de religión, ya que los alumnos tendrán de todos modos una carga docente añadida. En última instancia es también una manera de favorecer la elección de la religión en los centros donde la alternativa no cuenta con una estructura bien organizada o en aquellos otros, como en muchos centros religiosos, donde la alternativa es más bien una falacia o hay cierta presión del entorno para que los alumnos se decanten por una de las opciones.

 10. Los profesores de religión son “designados” a voluntad por los dirigentes religiosos.

La actual asignatura de religión la imparten personas designadas por los responsables de las comunidades religiosas respectivas que pueden conceder o no a voluntad un certificado de “idoneidad” para optar a impartir la asignatura. Se argumenta que dichas personas cuentan con la preparación profesional adecuada y los requisitos que marca la Administración, pero al margen de esta cuestión la realidad muestra que su designación para el cargo depende en exclusiva de la decisión del responsable religioso correspondiente. A estos profesores se les exige que den ejemplo de su “fe”, es decir que mantengan su lealtad a la doctrina y a la autoridad religiosa, y pueden llegar a ser excluidos de su puesto con argumentos tan peregrinos como tener una determinada opción política o sexual, o bien reivindicar derechos laborales reconocidos al resto de los trabajadores, lo que supone un caso flagrante de discriminación legal.

11. Los profesores que imparten la asignatura de religión en la enseñanza pública no deben superar el mismo proceso que el resto de los docentes.

Los profesores que imparten la asignatura de religión son “designados” para su puesto sin tener que superar el mismo proceso de selección que el resto de los docentes, lo que en el caso de la Administración pública supone una vía de acceso absolutamente discriminatoria. No existe ningún control que garantice una verdadera igualdad de oportunidades, ya que son escogidos en base a razones de confianza personal, adhesión ideológica, u oportunismo, al margen de la posible competencia profesional. En consecuencia el sistema garantiza que los profesores designados por las autoridades religiosas impartirán los planes de estudio elaborados por la propia confesión. La asignatura de religión que se imparte en la escuela se convierte en una tarea de adoctrinamiento y catequizadora.

12. Los profesores que imparten la asignatura de religión confesional son pagados por el Estado para enseñar una doctrina.

La retribución del profesorado encargado de impartir la asignatura de religión confesional, es decir encargado de difundir creencias y valores doctrinarios entre el alumnado, es asumida íntegramente por el Estado, que de esta manera financia directamente a miembros escogidos de una confesión religiosa para realizar funciones de apostolado dentro del sistema de educación oficial. El proselitismo religioso en la escuela es pagado así con el dinero de todos los contribuyentes, posibilidad que además se restringe sólo a algunas confesiones religiosas consideradas de “notorio arraigo”, excluyendo a todas las demás y a los no creyentes. En lugar de promover una educación laica basada en el respeto al pluralismo y a los valores democráticos el Estado financia de forma encubierta el proselitismo religioso.

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