Manifiesto internacional para un humanismo ateo 

Los firmantes de este manifiesto constituyen el Comité Internacional de enlace de los Ateos y de los Librepensadores, cuyo objetivo es proponer a nivel mundial el humanismo ateo como alternativa positiva a la religión y defender la estricta separación del Estado y la Iglesia en todos los países.

 

La religión es prehistórica y primitiva

Las religiones fueron las primeras tentativas infantiles de la humanidad para tratar de explicar y controlar la naturaleza. Para explicar lo desconocido en la naturaleza las religiones nos dieron una respuesta desprovista de sentido, la respuesta de “un dios salido de la nada”, “un dios que lo hizo todo”. Todas las cosas, incluyendo a los hombres, se suponía, eran creaciones de los dioses y estaban sometidas a su voluntad. Para intentar controlar la naturaleza mediante la intervención divina las religiones declararon que debíamos rezar a esos dioses, sometiendo otra vez a la humanidad a su voluntad. Las religiones eran también respuestas primitivas y reaccionarias al miedo a la muerte. Las religiones declararon que un paraíso divino y eterno nos esperaba después de la muerte, un paraíso bajo la autoridad de los dioses que nosotros deberíamos “merecer”. La voluntad de los hombres estaba sometida a los dioses.

En consecuencia, según la religión, los hombres deberían prosternarse ante la voluntad de las divinidades “sobrenaturales” y obedecer a ciegas sus deseos. Esa era nuestra única razón de existir. Después de todo, nosotros no éramos dueños de nuestras vidas. Nosotros no teníamos ningún destino propio, éramos juguetes, objetos de un juego extraño, invisible y “divino”. Las religiones declararon que la existencia de los hombres sobre la Tierra era sólo un paso obligatorio, aunque menor, lleno de dolor, desde las agonías provocadas por la «caída» en la Torah judía, hasta el mundo rodeado de sufrimientos de los budistas, y el “valle de lágrimas” de los cristianos. El único objetivo de la vida era obtener el acceso a una improbable “vida después de la muerte”. El papel interesado que juegan los líderes actuales de las religiones en la distribución de estas viejas ideas es, en última instancia, destructor. ¿Existe algo más nocivo que pedir a los hombres que renuncien al beneficio de la razón y de la prueba para creer en seres sobrenaturales que roban nuestra voluntad, nuestra independencia y nuestra dignidad? Al contrario, los ateos y los librepensadores afirman su acuerdo con Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”. No necesitamos referirnos a lo sobrenatural para determinar la naturaleza de la realidad, saber lo que somos y cómo deberíamos actuar. Nuestra inteligencia y nuestra conciencia son guías suficientes.

El Paraíso, si es que existe, debería realizarse sobre la Tierra y no en un reino etéreo más allá de la muerte. Es aquí y ahora que debemos ser seres humanos y vivos. Como librepensadores y ateos creemos que la humanidad ya no necesita religiones anticuadas, primitivas, peligrosas y degradantes.

 

La religión se basa necesariamente en el dogma

Para perpetuar la subordinación de los hombres a lo sobrenatural las religiones y las sectas inventaron un fárrago de dogmas. Las prohibiciones religiosas, el delito de blasfemia, la amenaza de excomunión y la fatwa son algunos de los numerosos procedimientos creados por las religiones para alimentar nuestros temores, obligarnos a creer e impedir nuestra emancipación. La noción de verdad procedente de una imposición “divina” tiene un solo objetivo: imponer a los hombres un comportamiento, dictar prohibiciones; no tenemos ningún derecho a ser libres de decidir para nosotros sobre nuestros propios modos de vida. Pero realmente no hay ni verdad revelada, ni verdad moral absoluta: hay sólo verdades morales relativas que pueden cambiar de una cultura a otra, de una generación a otra. Ningún dios murmuró nunca nada a nuestros oídos, todo lo hemos adquirido con nuestros propios medios. Nos hemos educado a nosotros mismos, como dijo Heráclito hace miles de años “aprendemos por nosotros, para nosotros”.

Como librepensadores y ateos, pensamos que los hombres deberían romper las cadenas del dogma religioso y seguir su propio camino para conquistar el conocimiento y la libertad. Nada está grabado en piedra por anticipado. Tenemos nuestra responsabilidad en la determinación de nuestras propias verdades y de nuestro futuro.

 

La religión es la negación de la ciencia

La ciencia se apoya sobre la razón y sobre la prueba, la religión sobre la fe. Estas dos visiones del mundo son mutuamente antagonistas. De hecho, para tener fe, hay que abandonar o contradecir la razón y la prueba. Es por eso que la religión es la negación de la ciencia.

Prohibiendo a la ciencia ir más allá de la Biblia, más allá del Corán o de todos los demás libros “sagrados” las religiones lucharon siempre contra las tentativas de explicación de la vida en términos naturales. Las religiones han puesto siempre la verdad “revelada” por encima de la verdad descubierta “científicamente”. La ciencia y la religión son fundamentalmente antagonistas.

Galileo y Bruno, perseguidos por la misma Iglesia Católica que comenzó rechazando la teoría de la evolución: he ahí dos ejemplos de ese antagonismo. Las opciones éticas son a menudo definidas en relación con la ciencia pura y la ciencia aplicada. ¿Pero qué criterios deberían ser usados para determinar qué es “bueno” y qué es “malo”? ¿Quién debería arbitrar estas preguntas, los dioses o los hombres? ¡Hay tantas mitologías y dioses contradictorios para saber cuál escoger! ¡Y sus “mensajes” no siempre están completamente claros! ¿Y qué capacidad tienen las religiones para juzgar los descubrimientos científicos? En última instancia, deberíamos tomar decisiones basadas en lo que es mejor para la humanidad. La ciencia debería ser liberada del poder arbitrario y de la dictadura del dogma religioso.

Como librepensadores y ateos apoyamos un esfuerzo general para impulsar el pensamiento crítico y el método científico como únicos medios para alcanzar el conocimiento del universo. Rechazamos la fe y la revelación como métodos para avanzar en el conocimiento de la realidad porque sólo producen resultados contradictorios y sin consistencia. Exhortamos al examen de las contradicciones y a la crítica de todos los sistemas de fe sobrenatural y de todas las instituciones religiosas. Rechazamos todas las explicaciones de lo desconocido por un «dios que proceda de nada». Rechazamos el creacionismo como una forma de religión sin consistencia.

 

La religión es la opresión

La subordinación de la voluntad de los hombres a lo “divino” es un acto de opresión. La costumbre que conduce a obedecer al clero, dejarlo tomar decisiones en nuestro lugar, es un acto de opresión e irresponsabilidad.

Las religiones y las sectas siempre han servido para justificar la opresión social, económica, cultural y política. Desde el sistema de castas del hinduismo hasta la Epístola a los Romanos (13. 1-7) de la Biblia cristiana, en el Sura (16:72) sobre las Abejas del Corán islámico, en el capitalismo desenfrenado y explotador de los protestantes, en el apoyo al zarismo y el estalinismo de la Iglesia Oriental Griega Ortodoxa: las “enseñanzas reveladas” justificaron la organización de tiránicas jerarquías sociales y la preservación de la explotación económica.

Quien quisiera criticar esa jerarquía y esa explotación desafiaba la “voluntad divina”. Es por eso que las religiones actuaron siempre como instrumentos de la opresión social. A lo largo de la historia, los monarcas y los dictadores encontraron sus “justificaciones” morales apelando a la autoridad sobrenatural, como sucede con el concepto de “monarquía de derecho divino”. Además, la injusticia y la miseria son toleradas debido a que la fe religiosa promete un mundo mejor y sobrenatural que nos esperaría después de la muerte.

Los firmantes de este manifiesto trabajaremos para la emancipación completa de la humanidad en todos los ámbitos. Ningún sistema político, ético, económico, social o religioso puede justificar la esclavitud del hombre. Apoyamos la estricta separación del Estado y de la Iglesia y rechazamos todos los tratamientos especiales y los privilegios concedidos por los gobiernos a las religiones.

 

Hombres libres en una sociedad libre

De todo lo que hablamos en este manifiesto podemos extraer una conclusión: como dijo Rousseau “el hombre nació libre y sin embargo está por todas partes encadenado”. El mayor óbice alrededor de los tobillos de la humanidad es la cadena y la bola de la religión.

Deberíamos ser libres de pensar y vivir en una sociedad organizada según nuestra propia voluntad. La percepción de quienes somos y de lo que somos, en qué decidimos creer, la vida que queremos llevar, de qué manera decidimos expresarnos y con quién decidimos unirnos determina nuestro futuro y nuestra felicidad. La libertad de conciencia es de primera importancia en la construcción de la sociedad en la que decidimos vivir. El reconocimiento de esta libertad de conciencia ha sido expresado varias veces a lo largo de la historia: en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos en 1789, en la Ley de Separación de las Iglesias y el Estado en Francia en 1905, en la Separación de las Iglesias y el Estado en México en 1917, y en el Decreto de Separación de la Iglesia y el Estado en la URSS en 1918.

En consecuencia, exigimos dos cosas:

1. A nivel individual nos pronunciamos a favor del desarrollo internacional del ateísmo, que es la única base para un humanismo verdadero. Si la fe en los dioses persiste, entonces no puede existir un lugar digno para el hombre. Debemos escoger y escogemos al hombre. Debemos subrayar que el ateísmo (en lugares como la India o la antigua Grecia) es una filosofía muy antigua, que existe desde mucho antes que la mayor parte de las religiones y las sectas.

2. Porque la verdadera libertad de conciencia sólo puede existir con la neutralidad de los estados y de los servicios públicos respecto al sujeto filosófico (religioso o antireligioso), pedimos la completa separación de los Estados y las Iglesias en todos los países. Ningún gobierno tiene el derecho de imponer a sus ciudadanos una fe o la incredulidad religiosa.

Apoyamos incondicionalmente el laicismo y la neutralidad de los gobiernos que dejan a cada individuo la libertad de escoger y expresar su propia fe, sin ninguna obligación social ni gubernamental.

 

Cooperación internacional para un objetivo común

El Comité Internacional de Enlace de los Ateos y de los Librepensadores se pronuncia por el humanismo ateo a nivel mundial como medio indispensable de conquistar la libertad y la dignidad humanas, y por la estricta separación del Estado y la Iglesia en todos los países como medio indispensable para conquistar la libertad de conciencia.

El CILALP será un complemento y no un rival de todas las organizaciones nacionales e internacionales que trabajen en favor del ateísmo, el pensamiento libre, el humanismo, el laicismo y el racionalismo. El objetivo del CILALP es facilitar la cooperación internacional entre los ateos y los librepensadores, indispensable para alcanzar nuestros objetivos comunes.

Nuestra estructura internacional es democrática. Cada organización nacional atea o de librepensamiento que firme este manifiesto y se adhiera al CILALP contará con un voto en el consejo ejecutivo del CILALP. Cada grupo escogerá a su representante. Los ateos y los librepensadores que firmen este manifiesto individualmente tendrán un voto consultivo.

Sólo las organizaciones ateas nacionales y de librepensamiento tendrán votos deliberativos. Sin embargo, todos los esfuerzos estarán encaminados a alcanzar un acuerdo general con el mayor número posible de grupos e individuos. Cada año el consejo ejecutivo del CILALP escogerá a un presidente para un mandato de un año, y asegurar la coordinación. Además, el CILALP podrá escoger a un portavoz para cada continente.

El Comité Internacional de Enlace de los Ateos y de los Librepensadores se propone como objetivo celebrar su primer congreso mundial en París, Francia, en 2005, con motivo del primer centenario de la ley francesa de separación de las Iglesias y el Estado, el 9 de diciembre de 1905.

Primeros firmantes:

Las organizaciones firmantes llaman a todas las asociaciones y a todos aquellos que se reconozcan en este Manifiesto Internacional a que lo firmen, a fin de poder constituir juntos el Comité Internacional de Enlace de los Ateos y de los Librepensadores.


 

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