ATEUS DE CATALUNYA

 

José Antonio Marina

Dictamen sobre Dios

Editorial Anagrama

En la introducción Marina nos indica que, para él, Dios y religión son dos elementos universales que atraen de forma ineludible el interés del hombre, por lo que se ha marcado el objetivo de “investigar” de forma desapasionada una de las “más problemáticas creaciones humanas”; de ahí el título de “dictamen” que propone, más propio de una opinión que se somete a la crítica general que no a una aserción con pretensiones definitivas.

“Cualquier espíritu avisado encuentra en medio de su horizonte mental, como un menhir gigantesco, un poderoso objeto cultural —Dios—, y también se va enredando en una tupida urdimbre social —la religión—.”

En la primera parte analiza el orígen poético de la religión. El hombre es creador por naturaleza y, fruto de ese talante, como otras creaciones de la inteligencia, han nacido los dioses y las religiones, que realizan tres funciones básicas: explicar el mundo, ofrecer salvación, e introducir un orden.

Para el hombre religioso la realidad que vemos es sólo una parte de una realidad mucho más amplia, y la religión es el camino que le conduce a la mitad oculta. El individuo asume la validez de esa afirmación gracias a un determinado tipo de evidencias que proceden de la elaboración lingüística y conceptual de lo revelado en un sentimiento. La cuestión de fondo será dilucidar si esa realidad oculta es o no es verdadera.

“La religión nace de un sentimiento, de una evidencia afectiva, y su valor va a depender del valor que atribuyamos a esta evidencia. Todas las religiones creen en un plano de realidad distinto del visible: espiritual, absoluto, divino, potente, más valioso que el natural.”

Al otro lado existe el mundo visible, la realidad profana, basado en la percepción sensorial. Este mundo se basa en otro tipo de evidencias, intersubjetivas, que mediante argumentos permiten dar el salto desde las evidencias privadas a otras de validez universal.

“las propuestas religiosas, que no se fundan en la experiencia sensible, no son universales, se fundan en evidencias privadas, no sirven para prever los acontecimientos, y no son corroboradas por aplicaciones prácticas. Son desde el punto de vista de la razón, irracionales. Desde el punto de vista de la religión, suprarracionales.”

A partir de aquí Marina se embarcará infructuosamente en la tarea de intentar conciliar ambos mundos, y ante el fracaso se interroga sobre la posible prevalencia de uno u otro.

“La razón, al parecer, no puede tender un puente desde el círculo profano al círculo sagrado. No puede tampoco, esto conviene dejarlo claro, decir que no exista tal camino, ni que el círculo religioso no tenga justificación, ni menos aún que no exista Dios. Cualquier científico sabe que no se puede demostrar la no existencia de una cosa, a no ser que sea una contradicción lógica.”

Al final, por medio de un salto inexplicable, concluye que la solución pasa por hacer ¡un uso racional de la inteligencia para buscar evidencias intersubjetivas que permitan pasar de las verdades privadas a las verdades universales!

“Sólo el uso racional de la inteligencia, la búsqueda de valores que salgan de los límites de la privacidad y puedan considerarse universales, nos pone a salvo del enfrentamiento.”

“El uso racional de la inteligencia va más allá. Digan lo que digan los positivistas científicos, también es posible hablar racionalmente de valores, fines, formas de vida. La inteligencia ética es más poderosa que la inteligencia científica. La engloba y justifica.”

En la segunda parte del libro Marina abandona ya definitivamente cualquier atisbo de investigación para proponer su propio modelo de lo “real”. Defiende que la realidad está formada por dos componentes disociables, la “esencia” y la existencia. El mundo profano y el religioso se ocuparían desde perspectivas distintas de analizar la esencia de las cosas, pero hay también una “existencia”, una especie de realidad mística del ser que es la condición del conocimiento, a partir de la cual se infiere nada menos que ¡una dimensión divina de la realidad! Lástima que al final Marina haya abandonado su “investigación” para exponer su opinión, respetable, pero sin fundamento.

“La ontología, tal como la entiendo, sólo puede afirmar la existencia de la divinidad. Las religiones intentan precisar su esencia.”

La clave de todo para Marina está en la moral, que es previa a la experiencia religiosa y a la razón profana. La ética sería la superación de ambas, por ello se propone fundamentar una ética que sirva de marco al desarrollo de los mundos sagrado y profano, que deberían someterse a ella. En adelante, siguiendo con su opinión, lo más adecuado sería optar por unas religiones “éticas”, unas religiones de segunda generación que se ocuparan más del mundo que de sí mismas.

“La razón nos salva, pero no la razón científica, sino el uso racional de una inteligencia que trata con valores, con sentimientos, con proyectos de vida. La razón que aspira a la felicidad personal, y a la justicia como felicidad social.”

 

 

 


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