ATEUS DE CATALUNYA

Religión para Ana y Laura

La religión vista por un ateo

José Antonio de Taboada

Foca, ediciones y distribuciones generales, S.L.

Según nos cuenta en el prefacio el propio autor, de identidad desconocida (Taboada es un pseudónimo que encubre su verdadero nombre), la razón de este libro hay que buscarla en su preocupación por facilitar a sus dos hijas, Ana y Laura, un conocimiento crítico del fenómeno religioso, alejado de la catequesi proselitista que impregna nuestro sistema educativo, más que a una intención previa de escribir un libro sobre religión o sobre historia de la religión.

Quizás por ello muchos pasajes “pecan” de un tono demasiado impulsivo que confiere al conjunto un aire excesivamente informal que no se corresponde con el tratamiento real de la información, que conserva en todo momento un notable nivel de profundidad. También es posible que este “inconveniente” pueda resultar a la postre útil para acercar su lectura a un público menos avezado en estos temas. Veamos un ejemplo:

 

“El papa Juan Pablo II en su carta apostólica “Día del Señor”, condena la tendencia de los católicos a la utilización del domingo para las compras, en vez de asistir a misa, como dios manda. Mira por donde a la Iglesia romana le ha salido la competencia en el propio día de su negocio: en los grandes almacenes.”

La obra en su conjunto es una ácida pero bien documentada denuncia de la hipocresía que se esconde detrás de los mensajes de paz y de los dogmas de las religiones organizadas, y muy en especial de la Iglesia Católica, de la que realiza una radiografía verdaderamente demoledora. Empieza planteando los aspectos que conviene analizar al estudiar el fenómeno religioso, que básicamente reduce a tres: la fe o las creencias de una religión, que por lo general se fundamentan en el reconocimiento de un ser sobrenatural, e incluye un conjunto de dogmas o creencias “irrefutables” sobre cuestiones fundamentales como el orígen del mundo, el sentido de la vida o la trascendencia; la ética que se deriva de esas “verdades” y que determina un modelo de comportamiento moral tanto individual como colectivo; y por último la organización de una iglesia o confesión religiosa constituida por individuos que comparten unas mismas creencias y una ética, pero que a su vez poseen intereses particulares y colectivos que, con frecuencia, colisionan con los postulados originales o con los dogmas que predica esa misma religión.

 

“A la Iglesia nunca le ha preocupado que sus fieles pequen, lo que sí le preocupa es que la abandonen, porque entonces pierde su negocio: en la práctica se convierte en protección y coartada de los delincuentes.”

Taboada efectúa un sucinto repaso de las pricipales tradiciones religiosas para detenerse con mayor detalle en el judaísmo, fuente de las tres grandes religiones del “libro”. Dedica una especial atención a la figura de Jesús de Nazareth y a su contexto histórico, estableciendo una clara distinción entre lo que sabemos ciertamente de él y lo que nos ha legado la tradición.

A continuación aborda la aparición del cristianismo y efectúa un análisis exhaustivo de la Iglesia Católica: su orígen, historia, doctrina, moral, liturgia… poniendo en evidencia las innumerables contradicciones de su mensaje, pero sobre todo donde encuentra un auténtico “filón” es en su incoherencia moral, ampliamente contrastada a lo largo de los siglos.

 

“La Iglesia romana no siempre afirmó que el aborto es un crimen. Ahora, como siempre, dice que lo afirmó siempre; y como casi siempre, no es verdad. Otra cosa diferente es que sí siempre estuvo contra los métodos anticonceptivos.”

El libro pone de manifiesto las múltiples contradicciones que subyacen en los postulados de la religión y cómo, cuando se contemplan bajo el prisma de la historia, los intereses mundanos acaban siempre imponiéndose al mensaje original de las iglesias. Al final sólo queda un cúmulo de despropósitos que tiene por objeto la preservación del poder político y de los privilegios de los dirigentes eclesiásticos, que terminan parasitando las sociedades donde anidan, eso sí, con la dosis de hipocresía imprescindible para salvar las apariencias que, de lo contrario, pondrían en peligro su continuidad.

“Es chocante la actitud de la Iglesia romana con sus propios fieles; paracería lógico que los animase a leer la Biblia: pues no, todo lo contrario. Sospecho que debe de ser bastante difícil encontrar una religión que haya prohibido a sus fieles la lectura de sus textos fundamentales; la Iglesia Católica, sin embargo, ha establecido esa prohibición durante siglos. Es ilógico, pero es coherente: una de las cosas más definitivas que pueden ocurrir para dejar de creer es leer la Biblia.”

El paradigma de esta condición lo representa la Iglesia Católica, sobre la que el autor vuelca su apabullante discurso por dos razones: es el medio en que él se ha formado y está inmerso socioculturalmente, y es la más poderosa de todas las religiones que han existido y la que mejor representa dicha condición. Los ejemplos en el texto son infinitos y lacerantes.


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